Mi marido y yo nos casamos 11 años después de empezar nuestra relación, nos fuimos a vivir juntos el mismo día de la boda. Ahora diréis ¡qué antiguos! Pero fué la propia vida, las
circunstancias, las que nos llevaron paso a paso, la que nos marcó el ritmo. Mi marido tuvo un problema familiar/económico muy grave con sólo 19 años. En ese momento nos supuso un mundo, y es que cuando te ponen la zancadilla a esa edad, te tambalea el futuro.
No fuimos una pareja que empezaba a trabajar y ahorraba, que se iba de viajes y que salía de marcha. Éramos una pareja de jovenzuelos que tenía una deuda enorme que había que pagar. Ni coche, ni entrada para piso, ni pensamiento de boda, ni nada de nada. Sólo pensar en salir de aquello. Salimos. Siempre decía lo mismo, todo tiene solución. Y la tuvo, pero retrasó mucho nuestra vida en común.
Cuando parecía que todo tomaba su rumbo y que ya podíamos empezar a hacer planes, mi padre murió. Asi que le volvimos a decir adiós a los planes de pareja. En ese momento mi madre fué mi prioridad, y me absorbió de una forma casi enfermiza. ¿Cómo iba yo a irme de casa y dejarla sola? Puede parecer fácil pensar que una tiene que hacer su vida y punto. Pero puesto en práctica no es tan sencillo.
Pusimos fecha de boda como aviso a mi madre, yo nunca había querido casarme, pero esa era la única forma de ponerle un cronómetro a mi madre y que fuera haciéndose a la idea de que en X meses yo me iba de su casa. No le fué fácil. Ni para ella asimilarlo, ni para mí verla pasarlo mal. Pero no tardó en asimilar, en ilusionarse y en implicarse. Sólo necesitó tiempo. Y hacer las cosas así, como la vida me las iba marcando, esa era la mejor forma para todos.
Mi boda fué el acontecimiento del año, tan esperada que hasta me sorprendía cómo se ilusionaba tanto todo el mundo. Y la alegría de la gente se notaba. No fué un bodorrio por todo lo alto, fué un acontecimiento puramente familiar, un acto de amor, de promesas, una forma de avanzar, de afianzar. Una manera de empezar a rellenar un libro en blanco. La emoción por parte de todos fué visible. Era algo tan esperado por todos que se notaba en el ambiente.
Os podéis imaginar la ilusión que nos supuso empezar a vivir juntos, nos fué tan fácil la convivencia que hasta nos sorprendía. Pero claro, llevábamos muchos años esperando.
El otro día visitamos al fotógrafo de mi boda. Me preguntó varias veces por un embarazo, a decir verdad, desde las fotos post boda está dándome la tabarra con el reportaje que va a hacerme con barriga y el reportaje que le hará al niño a los pocos días. Él sólo se adjudica trabajos. No me molestó que se pusiera pesado ¿raro verdad? Ayudó que es entrar en su estudio, ver mis fotos de boda a tamaño poster por allí, y me pongo
to tonta. Fué una inyección de fuerza. A veces en lo más insignificante se encuentra el
"click" que te falta para avanzar.
Tengo familia que se pelean por ser los padrinos de mis futuros hijos, que me lo piden por favor que los pongan a ellos. Que me dicen que el día que les anuncie embarazo van a cogerse la madre de todas las borracheras.
Tengo familia que me ofrecen dinero, mucho dinero, lo que vale una FIV, que no me preocupe que ellos me lo dan si me hace falta para conseguir un embarazo, que me dicen que esperan mi embarazo con todas las ganas del mundo y se "enfadan" cuando los anuncian otras.
Tengo gente que me miran con una mezcla de pena y de fuerza, que me alientan a seguir, que me piden paciencia. Y a veces hasta me cabrean. Pero ¿qué van a decirme?
Y pensaréis ¿a qué viene todo ésto? Pues el otro día me sorprendí a mí misma, después de la rachita que he pasado, diciéndole a mi marido que si era consciente de
lo esperado que sería nuestro hijo, de la cantidad de gente que está deseando oir que estoy embarazada, la primera yo
of course, pero hay mucha gente por detrás haciendo fuerza conmigo. Le decía que sería como nuestra boda, que causó tanta espectación y ilusión, y que salió redonda. Y pensar eso te llena, te alienta, te hace ver las cosas con más fuerza, te hace sentir que aunque las cosas no pasen cómo y cuando tú deseas, si luchas por ellas, al final llegan.
Porque mi vida, nuestra vida, siempre ha avanzado igual, nunca nos han salido las cosas cómo la planeábamos, siempre nos hemos visto obligados a dejarnos llevar, a esperar a los momentos oportunos, o a cuando se ha terciado, con paciencia, con amor,
con dos cojones.
Y hace unas semanas no era capaz de ver todo ésto. Sólo me cagaba en mi mala suerte, no podía ver más allá. Cuando una está pasándolo mal no alcanza a ser objetiva ni optimista.
La vida no me lo está poniendo fácil para ser madre, cómo tampoco me lo ha puesto para otras cosas. Pero también me ha dado una familia que vale su peso en oro, y un marido que aunque a veces me desquicie y pueda ser un poco mucho menos echado
p´alante que yo, siempre está detrás de mi haciendo fuerzas para que yo no dé un paso atrás.Y es que quienes me rodean contribuyen a que siempre en mi vida haya visto el vaso medio lleno.
Porque siempre he sido una persona alegre, optimista, fuerte. Siempre he luchado por lo que quería, nunca me he rendido, aunque a veces me haya quedado sin aliento. Y esa es la persona que quiero ser, no quiero ser una sombra que va por la vida quejándose de todo, no quiero sentirme una desdichada. Porque no lo soy.
Asi que hoy tengo ganas de
luchar, hoy tengo ganas de seguir tirando del carro, hoy tengo ganas de seguir dejándome llevar por los senderos que me marca la vida. Sin prisas, sin pausas. Al fin y al cabo, siempre hemos llegado al fin del camino marcado.
Hoy tengo claro que llegaré, no sé cuando, ni cómo, pero llegaré.
P.D.: Hoy de repente me ha entrado una ilusión brutal por tener a mis peques conmigo, me he puesto a contar las horas que me quedan para traerlos a casa. Y se me sale el alma por la boca al pensar en ellos.
Llegó la ilusión, en su momento, sin forzarla, como una bocanada de aire fresco.¡Y que sensación mas bonita!